miércoles, 23 de mayo de 2007

Comunismo amistoso


La gente viene y va en estos tiempos truculentos que corren. El MSN debe ser, sin pensar demasiado, el mayor exponente a la hora de mostrarnos esto. Fue hace unas semanas cuando una de estas vueltas trajo a Olmedo… Graciela (no hay parentescos antes de que lo pregunten, lo sospechen o, sencillamente, lo afirmen) de quien no tenía noticias hacía varios años, luego de un incidente con un reloj que al día de hoy no se han esclarecido (oremos que algún día el objeto hermoso que decía “Gallego” aparezca sano y salvo en mi muñeca). Grace volvió con más interrogantes que respuestas, de hecho creo que sería: con más irritantes conclusiones que refrescantes enseñanzas.

De casualidad estaba escuchando por internet un programa de radio que hace un amigo de Congo al que he visto contadas veces en mi vida (pero que he visto y eso es lo que viene al caso), el MSN me delataba que era su oyente y esto le llamó la atención a la reaparecida en cuestión quien me escribió sorprendidísima: -uy vos escuchas el programa de mi amigo, que es el que conduce- (desde luego que esto es menos literal que el peor de los recuerdos, pero el argumento consistía en eso basicamente). Shock instantáneo. Esta chica que conocía por Julián (de un cumpleaños) conocía a este tal “diego el locutor” al que conocía por Congo (Osvaldo Juan López Herrera) que conocía él de su estadía por el Liceo en sus años de adolescencia y violencia estudiantil. ¡O sea que por distintos caminos llegamos a la misma persona! Esto es algo que irritaría a cualquiera (bueno, de seguro muchos se limitarían a decir “que chico es el mundo” y cursilerías semejantes que obviamente yo también dije en ese momento) e inmediatamente le comenté mi malestar, mi no-independencia. Lo cierto es que no pareció entenderlo enseguida pero yo ya lo veía todo claro. Ella era solo una punta de la gran catástrofe que me aquejaba: la de darme cuenta que era un ser público, como todos en realidad. Gracias a esto me daba cuenta que si ella conocía a alguien que me conocía por otro alguien entonces siempre iba a haber “alguien” que me conozca. Todos estamos interconectados en una población que hasta este momento creía cierta su jactancia del “ser anónimo”. Capital no es más anónima que un pueblucho bonaerense, está tan inserta en este circuito como cualquier otro lugar del mundo. Estaba frente a la develación de una forma “comunista” de amistad: ¡Todo es de todos! Ya no había amigos (técnicamente sería “gente”) propia y únicamente mía. Gente que solo yo conocía pues de seguro esa conocería a alguien más y ese otro a otro y así. Gracielita solo era la punta del roñoso iceberg. Ingenua y felizmente me mostraba esta supuesta coincidencia mientras yo sufría sabiendo que todos los lazos están atados y no podemos zafarnos

29-4-07

miércoles, 2 de mayo de 2007

Todos lo hacemos


Todos lo hacemos, no caben dudas y por favor usted señora no se ponga sensible diciendo “¡Ay no, a mi no me gustan las generalizaciones!” Si le sirve de algo, esta obvia generalización fue demostrada por el reconocido científico Ray Utahn, el mismo que descubrió sin mucho esfuerzo que los gatos tienen solo una vida. ¿Por qué lo hacemos? Es la gran pregunta que aun el gran Ray no ha podido contestar. ¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué ese impulso maniático de sacarle la etiqueta a la cerveza? ¿Qué es lo que tienen que nos molesta tanto? o ¿Qué placer nos provoca hacerlo? Embarrar nuestras uñas y tirar hasta que envase y etiqueta dejan de ser una sola cosa. ¿Qué es lo que tienen que nos provoca esta acción casi inconsciente, este estar hablando con amigos y cuando uno quiere darse cuenta ya la etiqueta esta pegoteada en nuestras manos y ahí ya es tarde, ya está hecho. Esta tan internalizado que nadie se detiene a pensar en su acción y esta tan generalizado que nadie tampoco nos cuestiona al respecto (Porque si no fue uno será nuestro acompañante o algún mozo que se apresure a retirar la botella para no perder ese privilegio) ¿Qué es lo que atrae? ¿Es el impulso anticapitalista de rezongar contra un sistema de marcas y productos? ¿Es creer que aportamos nuestro granito de arena para hacer de este un mundo menos monetario? ¡Esta bien, no dejo de comprarme los Levis®, pero al menos le quito la propiedad a esa cerveza! Deja de tener marca. Ahora que lo pienso, quizás sea todo lo contrario, quizás se trata de ese impulso consumista de la propiedad. Ese querer todo lo que no tengo y frente a esta innegable tentación haciéndonos los disimulados (todo esto inconsciente bien recuerde) despegamos la etiqueta, cometemos nuestra fechoría, no hay heridos. Todos felices: yo me creo que la botella me pertenece y Quilmes jamás va a reclamar, si total le pagué (en realidad el distribuidor, igual se entiende) esa botella, el cobra, nadie pierde. ¡Todos ganan! Yo me siento feliz por sumar una botella más a mi dominio. Todo es más feliz cuando es de uno, no hay que olvidarse de esto…

CdE: El resto de las anotaciones del escritor continúan con esta serie de desvaríos que creímos necesarios omitir pues su escritura data de diez años atrás, de un 18 de agosto de 2006. En su momento las hipótesis estaban de moda ya sea para cosas importantes como estas o asuntos menores. Todo tenía hipótesis. Actualmente y gracias a la solución de grandes problemas por parte del hombre del futuro, leer esto es lo mismo que leer a Sócrates o a Marx. Solo sirve para tratar de entrar en la cabeza de esa época pero sabiendo lo errados que estaban, disfrutando un poco al sabernos superior. Ahora que hasta el que recoge la basura sabe quien fue Nietzsche, este tipo de falsedades nos hace felices y porque no: generandonos risas. Tampoco debemos sentirnos mal pues la evolución ha dictaminado que en unos años más la gente se reirá de algunas verdades que creíamos tener. Nuestras palabras, entonces, serán más graciosas que las hipótesis del escritor anónimo antes citado.


18-8-06
yendo en tren a Las Heras