
Fernando va apurado para tratar de llegar a su trabajo antes de que noten su fuga. Con paso ligero lleva una bolsa repleta de exámenes que poco le importan. A mitad de camino y para su sorpresa, es bruscamente interceptado, un niño pasa por delante suyo corriendo y le dispara en el pecho: ¡Pshiu! Fernando mira al niño un instante, levanta la mirada y sigue vivo y caminando. El niño no se resigna, lo persigue y se escuchan dos tiros, más potentes aún, que se estrellan en el pecho del poderoso Fernando: ¡Pshiu, PSHIU! Fernando ignora su muerte mientras con sorna imagina una patada descolocadora en la cabeza del eventual asesino.
Le gustaría mostrarle como su pie real lastima más que las armas de rayos laser que el niño cree que dispara. Una lección que queda en deseo nomás, bien sabe Fernando lo mal que toman los padres que uno eduque a sus propios hijos
16-10-08
