lunes, 26 de marzo de 2007

sábado, 24 de marzo de 2007

Acerca del complicado arte de salir decentemente en las fotos carnet


El título es tan claro que explayarme respecto a qué me refiero sería redundante a más no poder. De seguro todos más de una vez (o al menos una) debimos por obligación someternos al acecho de una polaroid, amurarnos y enderezarnos frente a un fondo blanco o azul y tratar de poner cara de: “vieron que soy un chico bueno, cómo me van a detener”. Desgraciadamente esta cara es muy difícil de conseguir y uno, casi sin una bendita excepción, jamás lo logra.

Durante generaciones se han intercambiado fotos 4 X 4 entre amigos deseosos de carcajadas, se han organizado campeonatos de carácter interbarrial para elegir la peor de las caras carnet. Esto ha sabido alegrar la infancia y cuasi-adolescencia de más de uno… Sólo que no es ése el fin de esas fotografías y, a medida que uno va creciendo, deja de reírse para dejar lugar al espanto. Mira una y otra vez su reciente fotografía y hasta decide pagar nuevamente al japonés por una nueva y breve sesión, con la esperanza de que esta vez salga mejor que la anterior. De más está decir que jamás sucede, de hecho sale peor y, cuanto más se repite el flash, peor es el resultado. La tensión de querer salir mejor que antes, como es de esperarse, es el principal motivo de que la foto sea un desastre y haga que aquella pobre persona salga llorando sin un centavo y sudando llegue con su foto al registro civil. Horas enteras de espera sufrirá este sujeto sabiendo que su momento irremediablemente llegará y que, si sale corriendo, indefectiblemente terminará tras las rejas con su foto 4 X 4 en un sumario policial.

No queda más que afrontar este problema y esperar lo inevitable: que llegue el momento en que digan nuestro nombre. Será acercarse al hombre bigotudo, o la gorda mujer cansada de las solicitudes que, sin ganas, nos dará una larga lista que deberemos completar con letra legible de imprenta. Esto resultará imposible por el temblequeo que sufre nuestra mano y las gotas nerviosas que corren la tinta. Luego de tomarnos las huellas dactilares (que en ese recinto puede ser visto como algo bastante lúdico, que puede servir para calmar un poco nuestros nervios) inexorablemente llegará el momento en que nos pidan las fotos. Las sacaremos del bolsillo más oculto y las miraremos largamente, levantaremos la vista y veremos la impaciencia del empleado. No queda otra- pensaremos y las entregaremos cerrando los ojos. Sin mirarla siquiera, él la colocará en varios papeles que sellará y firmará sin darle importancia. Nos despedirá, nos quitará el abultado dinero correspondiente a este tipo de trámites y nos exigirá que nos larguemos.


¿Cómo no hacerlo? Todo ha terminado y la monstruosa fotografía ni siquiera fue tomada en cuenta. En este momento razonaremos, una ráfaga de inteligencia nos caerá con la más bella de las fuerzas. Miles de solicitudes les llegan a estos sujetos de gris y está más que claro que nuestra foto que tanto nos avergüenza de seguro no podrá superar a la del pobre tipo cuyo nombre debe ser comentado día tras día en los pasillos, aquella cara que es motivo de risas que trascenderán generaciones, un rostro que jamás será olvidado, pues ha salido tan mal que no pueden darle tal privilegio. Aun así, cuando debamos volver a esas oficinas sentiremos los síntomas de la primera vez. Aunque recordaremos nuestra auto-enseñanza, iremos con la amenazante duda de que quizás nuestra pequeña foto carnet sea la encargada de desplazar a la monstruosa foto y ganarse un lugar como comentario y risa obligado de varias generaciones.

24-05-06

lunes, 19 de marzo de 2007

Al final...


Afiló la navaja una vez más. Su reflejo era idéntico a él, quizás más pulcro. A su lado estaba Mauricio, compañero de los tiempos de la secundaria. Aún recordaba las bromas que se hacían. Los tiempos cambiaron y Mauricio lo sabía. Inmóvil en su silla no se animaba a pronunciar palabra. Fue Héctor quién lo hizo.

–¿Te acordás del rubio Fuentes?

Mauricio no contestaba.

–Lo vi la semana pasada, estaba idéntico a como era en la secundaria, con el pelo engominado y ese flequillo ridículo que tantas cargadas le ganó. El más sorprendido fue él. Saber que era yo el que estaba del otro lado le dio un poco de esperanzas. ¡Pobre ingenuo! Las perdió antes de morir. Con vos es distinto, aún en los mejores tiempos me mirabas con recelo, como si vieras en mí algo que no sabía que tenía ¡Mirá vos, tenías razón! Diez años después me vengo a dar cuenta. ¡Brindo con mi último cigarrillo!

Lo prendió algo agazapado y le convidó una seca a su viejo amigo.

–¿Por qué hacés esto?

–Veo que por fin me hablás. ¡Y yo que estaba por ponerte la mordaza! Sabía que tarde o temprano ibas a estallar, la calma a vos te dura un rato… ¿Viste como me acuerdo?

–¿¡Qué ganás con este puto ritual!? ¡¿Por qué me convertís en tu macabro entretenimiento?! ¡Yo elegí y vos también!

–¡Sólo quise ser amable, che! Un cigarrillo no se le niega a nadie, ni siquiera a una mierda como vos. ¿Por qué no podes evitar los rencores e imaginar que estamos sentados en aquel pupitre gastado del medio?

–Encima de todo ¡sos un cínico de mierda! ¡¿O te creés que no entiendo lo que me va a pasar?!

–¿Tendrías que haberlo pensado antes, no te parece? Quizás, en vez de estar atado estarías tomando un café conmigo y el rubio o, simplemente, no estaríamos acá… lo que por lo visto hubiera sido lo mejor para ambos.

–La gente no cambia, Ernesto, el tiempo nos arrastra, pero nada más.

Ernesto se acercó al estante que estaba al lado de la puerta, sacó un trozo de cinta y con un golpe se la pegó en la boca.

–¡Ya hablaste mucho!–. Volvió a sacar la navaja y la apoyó en el cuello de Mauricio. –Los tiempos cambian– dijo y con un rápido movimiento le introdujo de lleno el filo.

21-02-05

jueves, 15 de marzo de 2007

Pizarrón


El profesor licenciado en matematicas se dispuso frente a su numerosa clase. Habían abierto el aula magna para que pudiera explayar sus anheladas enseñanzas a más gente de la habitual. Los alumnos, quienes habían llegado diez minutos antes de la hora citada para conseguir lugar, sacaron sus cuadernos y su mejor birome para anotar los contenidos que se les iban a revelar. El profesor saludó cortésmente a la clase, sacó unas hojas con los tópicos que trataría ese día y comenzó a hablar. Los alumnos lo escuchaban atentamente. Pasada una hora de clase, notó el cansancio que tenían sus espectadores y les dió de regalo un receso de cinco minutos que fue aceptado con gusto. Aprovechó él para tomarse el café que desde su llegada descansaba sobre el escritorio, milagrosamente no estaba tan frió como esperaba. Lo bebió de un sorbo y volvió a dirigirse a la clase. Todos volvieron a sacar su cuaderno aun inmaculado que sujetaban fuertemente esperando el momento de actuar. La clase estaba por terminarse y el profesor debió resumir un par de temas para poder terminar con su objetivo curricular del día. Mientras lo hacia comenzó a analizar el estado de aquella multitud, vio a los de adelante que con unos ojos de admiración, que le dieron un poco de vergüenza, lo miraban como si pudiera decirles algo único que solo el conocía, examinó a los del medio quienes estaban recostados contra el respaldo tratando de escucharlo sin perder la concentración, luego miró a los pocos que quedaban el fondo, entre los cuales había varios con miradas perdidas y otros pequeños grupos de los que se escuchaban murmullos que no llegaba a entender. Realizó una vez más su recorrido, esta vez más veloz, y encontró algo que todos tenían en común: sus cuadernos en blanco, intactos. El profesor quiso entonces ayudarlos, se acercó al escritorio y sacó un marcador al agua y comenzó a escribir en el pizarrón. Todos los murmullos desaparecieron, todas las miradas le apuntaron, se escucharon los ruidos de las biromes al unísono escribiendo. Al cabo de unos minutos terminó y se despidió de su audiencia quien no pudo evitar aplaudirlo mientras se retiraba.
Fue tres semanas después cuando el parcial se acercaba que los oyentes de la clase por fin abrieron sus cuadernos para darse cuenta que habían escrito la receta para preparar un delicioso pato a la naranja

30-5-06

lunes, 12 de marzo de 2007

Un hombre como cualquiera...


Un hombre como cualquiera espera (como espera cualquier hombre), saca una lapicera y abre un cuaderno (que lleva siempre consigo) en una hoja cualquiera. Mientras esté en blanco sirve, razona sin mucho esfuerzo. Comienza a escribir y piensa que escribe sin pensar (aunque escribe lo que piensa, claro está). Le resulta agradable ver que su mano empuña una lapicera cualquiera y escribe (no importa qué; escribe). La hoja que hace un minuto estaba totalmente en blanco comienza rítmicamente a llenarse. Escucha murmullos a su derecha y trata de no involucrarse en escucharlos, mantenerse concentrado en no pensar y en seguir escribiendo lo que piensa. Cada tanto la puerta principal golpea fuerte, otras veces delicadamente, de cualquier forma. Cada tanto se abre y se oyen los gritos de la ciudad, el correr de autos apresurados. Otro hombre interrumpe su pensamiento y le obliga a pensar para poder responderle que no esta acá para rendir, que sólo está. Su educación es más fuerte y tiene que contestarle. Intenta nuevamente retomar esto del no-pensar, del dejar fluir. Por un momento lo logra. De a ratos no puede evitar recordar cosas (caras, gestos). Se detiene un segundo, pues dos voces penetran su cabeza hablando de Wong Kar. Por un instante detienen sus bocas antes de lograr que interrumpa definitivamente ese algo, esas líneas que no dicen nada, esas líneas del momento, esas líneas que ya son viejas y relativamente nuevas. Cada tanto una gota de tinta de la lapicera se corre y mancha parte de la hoja. Por más que lo intente no logra evitarlo. Hay cosas que están fuera de su alcance, y está bien que así sea. Después de todo, no lo hace menos feliz ver algún pequeño manchón de tinta en el papel (incluso refuerza la espontaneidad del papel, la no planificación). Una carilla llega a su fin y puede hablar de paz mientras escribe. No la típica y utópica paz; esta paz es verdadera, por momentos hasta real, alcanzable. Ahora se detiene, pues ha perdido el hilo (de esta anotación sin hilo) y descubre que ya no es todo tan feliz como antes. Escribir en esa hoja ya no es lo que era, le resulta molesto. Sus piernas cruzadas improvisando un respaldo comienzan a cansarse y, cuando todo conspira para que finalice la paz, entiende que ya no quiere seguir escribiendo, ya no encuentra razón para hacerlo, ya no siente la satisfacción de minutos atrás. Ahora se siente invadido por el entorno, escucha claramente la música y le molesta, los murmullos son claros: hablan de cine. Ya no importa, ya no quiere seguir, se abre al mundo, se encierra en su entorno… dejo de escribir.

20-07-06
Supongo que son las 20:00 hs.

(o están cerca de serlo o lo han sido hace un rato)

jueves, 8 de marzo de 2007

El mundo del cine es una gran mentira

El mundo de cine es una gran mentira, pero posiblemente esta será la última que el público pueda soportar. Primero se descubrió que en la célebre escena de “Singin' in the Rain” (1952) en la que el personaje Don Lockwood (Gene Kelly) bailaba felizmente bajo la lluvia, en un estado de enamoramiento poco real, nada había de cierto en el agua que caía. Si bien era impensado (aún en esa época) creer que se esperaría que cayera agua “real” del cielo para filmar la escena, sí disgusto bastante al público general enterarse de que lo que caía poco tenía de agua y mucho de solución salina con leche. (”Esto permitía ver mejor la lluvia que caía”, explicó su director luego de varios atentados contra su domicilio y contra su perra Gina). Esto comenzó a derribar el mito; su efecto ya no era el mismo, pero mucha gente aún seguía adorándola. Tiempo más tarde otra mentira teñía la película: los golpeteos en el agua no tenían ningún ruido, pues Kelly al parecer estaba con cuarenta grados de fiebre durante la escena y no podía chapotear y hacer ruido como corresponde; por lo tanto el ruido lo hacían dos bailarinas detrás de cámara. Esto nunca se entendió demasiado aunque no fue cuestionado hasta que todo cerró perfectamente y la mentira de la fiebre dejó de tener vigencia y respeto al descubrirse que ¨¡Gene Kelly no actuó esa escena!. Fue realizada por un doble cuya fama jamás le llegó, robada por un Kelly que se negó a realizar la escena por “no querer bajo ningún medio” mojarse. “Odiaba la lluvia” confesó su ex-esposa esta mañana. “Jamás salía de casa si llovía y su mal humor era terrible”. El director, que consideraba vital la realización de la escena, decidió filmarla igual y poner hacerla un doble. Se inventó luego lo de la fiebre para que la gente creyera que por eso la cara no parecía tan la de Kelly. “Debe ser por la fiebre”, pensaba la gente y no se cuestionaba más..

Millones de fans viajaron a Massachusetts hoy para retirar las flores que dejaron durante décadas en la tumba de Gene y, en señal de rechazo, dejaron en su lugar paraguas negros, que seguramente se convertirán en la atracción turística de los que visiten ese estado.

27-10-06

martes, 6 de marzo de 2007

Ma´ que pedagogia


“¡No, si voy a lo de la abuela no voy a Ingles y PUNTO!
¡Las dos cosas no. O la abuela o Ingles!”



Frase dicha recien (mi recien, no el suyo)
por una niña insolente
que apuraba a
su madre que solo podía hablar

a traves del silencio y la resignación

Cosas de este loco loco mundo



La gente vieja no reconoce al "hola" como saludo


lunes, 5 de marzo de 2007

De nada sirve....


De nada sirve escaparse de uno mismo. ¿De nada sirve? La verdad que ahora no importa mucho. ¿Les suena la frase inicial? ¿Si, no? De ser afirmativa su respuesta usted es un hippie o le gusta hacerse y vestirse con ropa de colores fuertes, cortes extraños y poco usuales en los tiempos que corren. La canción fue editada en 1970 por el señor Virabent “Padre” (si usted es de la nueva camada) Moris. El otro día recordé este tema que siempre me causo mucha gracia, recordemos la poca simpatía que me provoca este hombre antes que nada. El tema este dura unos siete minutos y medio y se basa en un pequeño riff y un largo monólogo. Lo interesante del tema es escucharlo detenidamente, toda la exposición de este hombre, lo bueno es que uno puede imaginarse su concepción claramente y verlo a Moris en su cuarto a las 3 de la mañana, aburrido, harto de la vida, sin poder ni siquiera descargarse con su guitarra para no despertar a los vecinos. Entonces uno puede ver a Moris con este monótono riff que es tocado bajito mientras el comienza susurrando la letra del tema hasta que va subiendo el tono impulsado por su bronca (y seguramente habrá despertado a algún vecino acostumbrado a quejarse). Todo esto es muy claro, la letra se nota hecha de un tirón, tiene repeticiones, incluso contradicciones y frases inconexas. Siguen pasando los minutos y esta suerte de “brainstormin morisero” transcurre ante la desesperación de estar encerrado en su “prisión de carne y hueso”. Ahora lo interesante, el verdadero punto que me interesa y por el que he puesto a este ser espantoso es el siguiente: ¿Y si no fue así? ¿Si el tema no fue escrito entre la bronca de media/una hora de furia? ¿Si Moris todo el tiempo quiso generar esta idea pero el tema fue escrito en 1 semana? ¿Si ni siquiera habla de él, sino de un personaje ficticio en esta situación de hartazgo extremo? Todo indica que no, sobre todo por como es el autor, la época y bla bla bla. ¿Y si esto es una genialidad? (única diría yo que lo quiero mucho) Todo el tema dejaría de tener sentido, los errores se le permiten por la escritura frenética obviamente. ¿Y si Moris nos cagó a todos y creo su mejor personaje? ¿Seria triste que fuera así no? Particularmente me pasó algo similar con “El túnel” de Sabato (salvando las infinitas distancias entre una persona que escribió “Sobre héroes y tumbas” y el autor de “El oso”. Hasta me da vergüenza la línea paralela que acabo de trazar) que plantea a un personaje y su constante pensamiento su ida y vuelta de ideas, parece escrito también así, de un tirón y según sé, le llevo poco mas de un año terminarlo. Sabato no es igual a Moris a nadie le cabe dudas. ¿Pero y si no fue así? A veces es lindo no enterarse nunca la verdadera respuesta, sobre todo si se corre el riesgo de que nos tire abajo la historia que de seguro toda persona que conoce el tema y le dedicó un mínimo de tiempo pudo imaginarse. De nada sirve escaparse de uno mismo… y no, de nada sirve


05-12-06

viernes, 2 de marzo de 2007

Oso nosivo


El ministro de cultura de la nación decidió eliminar del cancionero popular “El oso” de Moris. La noticia lejos estuvo de generar polémica y logró una aceptación masiva que sorprendió al mismísimo ministro. Una manifestación de (en su mayoría) auto convocado marchó hoy hacia la Plaza de Mayo mostrando el apoyo por la acertada medida. El presidente le prestó el balcón al agradecido ministro para que se dirija a sus fanáticos espectadores quienes, en el mayor de los silencios, escucharon lo siguiente: “Realmente estoy emocionado por este reconocimiento, que no es más que un agradecimiento mutuo, pero que me da fuerzas para seguir adelante. Como todos saben en la década del 60 Moris compuso “El oso” (comienzan los silbidos) el cual fue el principal responsable de arruinar una generación entera de jóvenes portantes de tan estúpida y pedante canción (aplausos y golpes de bombos). Durante años se permitió que esto continuara así, se le dió el lujo a esa canción de permanecer junto a verdaderos himnos como “La Balsa” “Rasguña las piedras” “Inconsciente colectivo” y tantos otros que han hecho de nuestras vidas momentos más plenos, de regodeos de cuerpo y alma. A partir de este momento y con el apoyo incondicional del Presidente de la Nación (pocos aplausos y algún golpeteo de bombo) hemos decidido declarar inconstitucional la difusión de este tema por parte de los medios de comunicación. Sabemos que al prohibirlo corremos con el riesgo de que le genere a un sector de la población rebeldía y que esto lleve a la escucha injustificada de este tema. Aquí es donde precisamos de la ayuda de todos ustedes, que como hoy han venido a la plaza a apoyarnos, necesitamos que nos ayuden a cumplir con la eliminación de “El oso” Si escuchan este tema en algún hogar deben cumplir con su deber patriótico de ir al oficial o guarda urbano mas cercano y denunciarlo. ¡No al Oso argentinos! ¡No al Oso!! (Aplausos ensordecedores, el público comienza a vitorear y a cantarle la negativa a “El Oso”). Esto es solo el principio de la purificación de esta, nuestra sociedad. Ya he elevado a las cámaras el proyecto para eliminar “Muchacha ojos de papel” cuyo mensaje ha sido malinterpretado durante décadas enteras. No hay forma de entender ese tema, es un hecho. Ahora que el LSD ha pasado de moda es imposible comprender la cantidad de ácido que tenia Spinetta a la hora de la composición de su -himno a las mujeres según el ácido-”

31-05-06