jueves, 25 de enero de 2007

Para mi descendencia



Perdón por ser tan boludo. Quiero pedirles que no sean tan pelotudos como yo y, en caso de serlo, que al menos no se olviden del aula en la que cursan Sociedad y Estado descubriendo esto recién cuando faltan diez minutos para que finalice su largo trayecto en 160. Imagínense que son boludos como yo y se dan cuenta de que se han olvidado ese preciado numerito que regirá sus próximos cuatro meses de aburrimiento histórico, e ingenuamente no se terminan de sentir suficientemente culpables porque confían en que verán las listas en el Pabellón II, segundo piso. No será hasta llegar ahí y admirar que la mitad de la lista ha sido arrancada -obviamente entre ellas la de la G de González- que se sentirán mucho mas nerviosos pero por sobre todo mucho más boludos e intentarán ir al Pabellón III, esperando que Dios los guíe hacia la Sociedad y el Estado y por fin encuentren su rumbo y una sillita al fondo. Pero en la Planta Baja verán un cartelito que humildemente dice “Informes”. Quizás aquella vieja resentida con la vida que la confinó a ese recoveco donde pasará su vida sentada informando nada… Quizás ella tiene un registro en su PC -pensarán- que los lleve a encontrar 40 minutos más tarde ese -a esa altura- bendito lugar. Luego de haberle planteado el inconveniente de la dichosa mano que me quitó de la pared junto con cientos de parientes, la señora les dirá con toda la amabilidad del mundo: “En el Pabellón II”. A la segunda vez que se lo repiten esta persona por fin entiende y con un ademán de cabeza dice “Qué bien” y recomienda fijarse abajo en la Secretaria.

Quizás la indescriptible boludez que sienten por fin podrá aplacarse un poco, y todo esto no será mas que una anécdota para contarle a una coja, quizás nunca tengan que escribirle esta carta a su posible descendencia... No tendrá que suceder si cuando ustedes tengan mi edad la Secretaría está vacía, porque les cuenta González que en el 2002 estaba “hasta las bolas” y la cola recorría todo el Pabellón. O en caso de que por fin termine esa cola y, si es que ahí saben su aula (cosa dudosa comprendiendo que todo depende de una lista que cualquiera puede arrancar y de hecho ha arrancado), deberían averiguar mejor el aula del viernes, ya que tienen Dibujo y se les esta haciendo tarde. Hay quienes comentan que en realidad esa larga cola nunca termina, que es un castigo infernal que deben sufrir los condenados por graves actos en su vida terrenal. Así que, además de acordarse de traer el numerito del aula, pórtense bien para no caer en el castigo de “La cola de Secretaría” donde, sin saberlo, ustedes esperarán con mezcla de aburrimiento, nervios y fastidio a que algún alma al fin los atienda.

Por favor descendencia (o a quien corresponda leer esto) no cometan el mismo error que yo, porque ese numerito que marca mi vida el día de hoy puede llevarlos a la perdición eterna y a sentirse como unos boludos el resto de sus vidas; a pesar de que, al menos, se entretuvieron un rato escribiendo esto en el eterno regreso cientosesentaitístico a casa.

Fernando “GalleGonzález
20 de agosto de 2002

(Trascripto del cuaderno del autor
por considerarlo éste
indescifrable para alguien normal)

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunq creo ya haber tenido el honor d leer este texto, nuevamente he pecado. Y aunq el autor sabrá q yo soy el medio vaso lleno, siempre se necesita del medio vaso vacío para encontrar el medio vaso lleno. Debo sí expresar mi sorpresa al leer 160 y no 168, aunq tal vez esto se deba a q dicha línea no llega a Ciudad Universitaria.

Anónimo dijo...

Señor Galle, muy buenos sus textos, siga con los mismos, relacionando los problemas sociales con posibles circunstancias divinas, que un individuo realiza como costumbre sin saber que realmente son cautivos de una fuerza mayor, como puede ser, el poder electromacnetico del triangulo de las vermudas, por ejemplo que se yo.Espero q se haya entendido