
Uno puede pasar varios años de su vida buscando respuestas a grandes conflictos que a uno le resultan existenciales (a veces hasta a nivel universal). Piensa y piensa respuestas pero estas jamás llegan, hasta que uno se descuida y las ve llegar como un sopapo tan claro que a uno lo deja atontado, feliz y pensando ¿Cómo no lo vi antes? Esto mismo me ocurrió ayer, eran las cuatro de la mañana de una nochecita ideal para un paseo, un paseote en realidad, ya que en el que me encontraba llevaba ya mas de dos horas y un kilometraje muy extenso (sin contar que acababa de terminar de jugar un partido de fútbol) Mi acompañante don Matías Araya me ponía al tanto de su vida, hasta que pasamos por un locutorio el cual muy extrañamente estaba abierto, obviamente la única persona que se encontraba adentro era el chino que atendía. Esto me produjo un asombro y se lo trasmití a Araya. Mira si alguien se levanta agitado a la noche y tiene ganas de ir a un locutorio a llamar por teléfono- me dijo mi acompañante mientras agregaba que los chinos no dormían. Ahí es el momento en el que cae la ficha como en videojuego. De golpe se aclara el panorama y una respuesta que tanta gente se hizo se reveló a mí con tanta claridad que me envidiarían muchos filósofos griegos si no fuera porque los mismos ya descansan en el Olimpo desde hace siglos. ¡Por eso son así los ojos!- Entendí y se lo conté a él. Por eso los chinos tienen siempre los ojos a medio cerrar. Nosotros perdiendo ocho horas seguidas de nuestra vida para dormir y reponer fuerzas y ellos evidentemente muchos más avanzados que nosotros los de occidente. Ellos aprovechan el día al máximo en pos de una vida mucho más rica económicamente, explotada al 100%. Administran su sueño de una forma magnifica e inconcebible para el primitivo hombre nacido de este lado del mundo: duermen de a segundos. Pensé inmediatamente en el oriental y su supermercado, y por ejemplo, en el momento en el que acaban de concretar una venta con un cliente, apenas presionan el “enter” final el tiquete comienza a imprimirse. Ese, entendí yo, era un buen momento para dormir una siesta de dos o tres segundos (dependiendo de la velocidad de la máquina registradora). Y así hay muchos momentos en los cuales estos señores administran su sueño para completar las ocho horas diarias de sueño que se merecen por ser tan eficientes y siempre estar en el estado ideal, mezcla de lucidez y somnolencia que les hace poder hacer de su sueño un arte inalcanzable para los seres primitivos que vivimos anhelando una cama cómoda donde pasar la mitad de nuestras vidas
7-7-06

3 comentarios:
Hacia tiempo que no entraba a tu pagina y por lo que vi, no te podes quejar, hay un lindo numero de personas que leen lo que escribis y esta muy bien que lo disfruten y a la vez te critiquen, es una forma de perfección inconsciente... con relación a lo último que escribiste, debo decierte que en su momento ya lo había leído y podemos decir que me gustó...
good good, le falta el puntito al final.
Cuanta verdad que hay en esas lineas, aunque me suena que ya hablamos sobre el temita oriental.
Y si te pones a pensar los japoneses (desde mi punto de vista desarrolladores de los ojos chikitos) duermen en el saludo pienselo.
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