martes, 19 de febrero de 2008

30 minutos


M- ¡En media hora te amo!

M se queda callado, del otro lado unas cortas y tímidas risas de J apenas se oyen. Luego, nada, otra vez el silencio más absoluto.

Con el tubo, aún en la oreja, M apenas tiene fuerzas. Se le cae de la mano… queda mirando a la nada misma, piensa millones de cosas. Inmóvil se pregunta: ¿Lo dije? O fue solo una equivocación mental. “¡En media hora te llamo!” dije… ¿Lo dije así no?

Se pone a pensar en todo el tiempo que hace que conoce a J, tantos recuerdos del colegio. Tantos momentos lindos, imborrables. Los malos ratos que superaron juntos. No había en su vida alguien con el que hubiera pasado más y mejores ratos. ¿Era tan malo su acto fallido? (si es que de verdad había ocurrido).

Mil mujeres tuvo y ninguna llenó ni la mitad de lo que J llenaba. Recuerda ahora inocentes juegos donde bebidas y una cámara de fotos se aliaban para animarlos a darse unos dulces y simples besos. No duraban ni un segundo, no tenían saliva ni boca abierta. Pero lo mismo le habían gustado y ahora le llevaban a replantearse tantas cosas. ¿Le pasaría a J lo mismo que ahora entendía M? ¿Por qué las risas que escuchó del otro lado? ¿Se reía de él o le daba algo de vergüenza aquella confesión que acaba, inconscientemente, de hacerle? ¿Realmente podía él sentir lo mismo? ¿Podía estar, acaso, planteándose y rememorando lo mismo que hacia M y que lo estaba atormentando tanto? ¿Como estar seguro de que no lo perdería para siempre si se lo decia?

Los minutos pasan y su mente a punto de estallar. Enumera sus recuerdos y sus conclusiones tratando de no volverse loco. Está seguro de que es amor, tiene sentido que lo sea. Solo le queda saber cómo decírselo, y si debe hacerlo. Mira el teléfono, sus ojos se clavan en él. Mira sus piernas y les ruega que se muevan y vayan, que dejen que su boca escupa tanto amor, tanto revelado amor.

Se empapa de más bellos recuerdos, un torbellino de imágenes de momentos juntos, trata de ordenarlos para que no sean tan fuertes, pero lo mismo lo son. Analiza todo y empieza a encontrar pequeños indicios: roces de manos, miradas congeladas, sonrisas mutuas, códigos entre los dos… M sonríe por primera vez desde el incidente. Encuentra las señales, tiene sentido. ¡Por supuesto que lo tiene! Años y años de amistad que solo por prejuicio eran eso y no algo más. Pero hoy y por error se habían confesado cosas que ni se sentían necesarias de decir, porque hasta hoy no se conocían, pero lo mismo ahí estaban, y bien claras eran, una vez que habían sido buscadas. En un rincón oculto de su corazón estaban guardadas, en el fondo de su corazón, en el fondo, el fondo, fondo… ¡FONDO!

No quiere M que estén más guardadas, explota en él un grito y sus piernas tienen ahora todo el impulso. Se levanta con el corazón en llamas, , llamas que queman, pero queman porque el amor quema, quema pero no consume, sino que arden para siempre. Agarra el teléfono con fuerza, lo lleva al oído con la mayor convicción que sintió jamás en su vida. Sí, está convencido, va a hacerlo. Es amor, ni curiosidad, ni capricho, ni nada. No hay lugar para malos entendidos sentimentales: ¡AMOR, eso ES!

El tubo acaricia su oído, sus dedos están por deslizarse con ternura por los botones… es curioso, no tiene tono, mira al tubo como si pudiera ver cuál es el problema, lo lleva una vez más hasta su oreja, esta por cortar esperando recuperar así la línea. Una voz se oye del otro lado, es J que había llamado justo cuando que él se disponía a hacerlo.

J: ¡Boludo! ¿¡No me ibas a llamar en media hora!?

No encuentra J respuesta del otro lado de la línea. M queda inmóvil, las palabras no le salen. Titubeando alcanza a balbucear una frase hecha

M: Me colgué…

…deja caer el tubo del teléfono

18-02-08

2 comentarios:

Anónimo dijo...

bueno como le va?????
Finalmente se tomó el tiempo de "30 minutos" y escribió algo, me parece bien, sino para que crear un espacio y despues abandonarlo....
su texto me gustó, debo de reconocer y casi logró que se me cayera una lagrima pero no, quizas el sueño no me lo permitió..
cuantas veces no nos pasó que decimos esa palabra que tanto nos cuesta y cuando finalmente nos sale sin pensarlo nos quedamos callado sin saber que decir,y aún peor cuando del otro lado no recibis respuesta alguna o al menos lo que queres escuchar, pero mucho peor es mas aun cuando ignoran lo que escuhan y vos no sabes que hacer ni que decir...
pobre "M" estar en su lugar no me gustaría, a todos pasamos por ese momento, es la ley de la vida....

Anónimo dijo...

Muy bueno el texto, pero mejor es la chispa que produjo el fuego, esos segundos donde al caer la idea toma rapidamente todas las rutas posibles descartando posibilidades e inventando finales, situaciones, dialogos..todo eso en un segundo, cual motor de automovil por dentro, asi es la mente del escritor, del poeta, el q me imagina mas alla de lo simple del acto.