
El profesor licenciado en matematicas se dispuso frente a su numerosa clase. Habían abierto el aula magna para que pudiera explayar sus anheladas enseñanzas a más gente de la habitual. Los alumnos, quienes habían llegado diez minutos antes de la hora citada para conseguir lugar, sacaron sus cuadernos y su mejor birome para anotar los contenidos que se les iban a revelar. El profesor saludó cortésmente a la clase, sacó unas hojas con los tópicos que trataría ese día y comenzó a hablar. Los alumnos lo escuchaban atentamente. Pasada una hora de clase, notó el cansancio que tenían sus espectadores y les dió de regalo un receso de cinco minutos que fue aceptado con gusto. Aprovechó él para tomarse el café que desde su llegada descansaba sobre el escritorio, milagrosamente no estaba tan frió como esperaba. Lo bebió de un sorbo y volvió a dirigirse a la clase. Todos volvieron a sacar su cuaderno aun inmaculado que sujetaban fuertemente esperando el momento de actuar. La clase estaba por terminarse y el profesor debió resumir un par de temas para poder terminar con su objetivo curricular del día. Mientras lo hacia comenzó a analizar el estado de aquella multitud, vio a los de adelante que con unos ojos de admiración, que le dieron un poco de vergüenza, lo miraban como si pudiera decirles algo único que solo el conocía, examinó a los del medio quienes estaban recostados contra el respaldo tratando de escucharlo sin perder la concentración, luego miró a los pocos que quedaban el fondo, entre los cuales había varios con miradas perdidas y otros pequeños grupos de los que se escuchaban murmullos que no llegaba a entender. Realizó una vez más su recorrido, esta vez más veloz, y encontró algo que todos tenían en común: sus cuadernos en blanco, intactos. El profesor quiso entonces ayudarlos, se acercó al escritorio y sacó un marcador al agua y comenzó a escribir en el pizarrón. Todos los murmullos desaparecieron, todas las miradas le apuntaron, se escucharon los ruidos de las biromes al unísono escribiendo. Al cabo de unos minutos terminó y se despidió de su audiencia quien no pudo evitar aplaudirlo mientras se retiraba.
Fue tres semanas después cuando el parcial se acercaba que los oyentes de la clase por fin abrieron sus cuadernos para darse cuenta que habían escrito la receta para preparar un delicioso pato a la naranja

3 comentarios:
Esta bueno, cuando puedas, regalale al texto un par de comas y puntos, seguramente lucirá aún mucho mejor. Creo que a esta altura me he ganado en muy buena ley la impresión de los tres textos que me gustan, obviamente firmado por su autor (no quiero despues causas penales relacionadas con la Ley 11.723, te lo dice alguien que con conocimiento sobre el tema).
... te lo dice alguien "que" (hay que suprimirlo) con conocimiento sobre el tema).
Los regalos llegaran... estamos en eso (los ortograficos decia) los otros bueno, eso ya es mas dificil
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